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Se inicia cuando el obispo Don Iñigo Manrique (1486-1496)
decide trasladar la parroquia que antes se situaba en la ermita
de Santa María de la Mota a una nueva que se construiría
en la plaza mayor, terminándose ésta bien entrado
el siglo XVI. El templo se encuentra casi exento, rodeado por tres
calles estrechas. Realizada en piedra molinaza, la fachada principal
es la lateral derecha que da a la plaza, destacando su portada principal
y la torre.
La portada principal es obra del círculo de Hernán
Ruiz el Viejo, decorada con marco de galleta, escudos de la parroquia
y del obispo Iñigo Manrique y esculturas de San Bartolomé,
Santiago y la Virgen con el Niño. A la izquierda de la portada
se colocó en 1756 un cipo romano y una lápida sepulcral
visigoda.
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La torre se comenzó en 1548 y quedó sin terminar,
reconstruyéndose los cuerpos entre 1807 y 1817 bajo el obispado
de Don Antonio de Trevilla, siendo la Academia de San Fernando la
valedora de dicho diseño.
Su interior presenta tres naves de tipo basilical, de tradición
mudéjar, con cabecera triple, siendo la central poligonal
y con bóveda de crucería gótica. Destaca la
capilla del Sagrario, obra barroca del 1746, así como el
conjunto de la sacristía, en cuya traza intervinieron Hernán
Ruiz II y III.
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