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Los orígenes de Córdoba se pierden en
el tiempo. Su situación cercana al río y la riqueza de las
tierras de la campiña la configuraron como lugar idóneo
para las primeras ocupaciones prehistóricas. Pero no es hasta el
Bronce Final (siglos IX y VIII a.C.) cuando se crea el primer asentamiento
propiamente dicho. Con la llegada de fenicios y griegos a la península,
la ciudad se reafirma como un importante centro minero y comercial gracias
a la navegabilidad del Guadalquivir. Este hecho favoreció las relaciones
y la difusión artística y comercial, integrando a esta localidad
con las principales urbes del momento.
Fue a mediados del siglo II cuando un general llamado
Claudio Marcelo, funda Corduba, erigiéndose desde este mismo momento
como capital de la Hispania Ulterior. Años prósperos fueron
los de la República, truncados por la victoria cesariana en la
batalla de Munda, al tomar la ciudad partido por el bando pompeyano. Tras
los primeros años de declive imperial, el César Augusto
restituye el merecido estatus de esta zona reservando sus tierras a los
mejores veteranos de sus tropas, otorgándole el título de
Colonia Patricia. Córdoba vive, bajo dominio romano, una intensa
monumentalidad y enriquecimiento de su infraestructura pública.
Sin duda se mantuvo un gran movimiento comercial y cultural, muestra de
ello son los dos foros, el colonial y el provincial, que acogía
la ciudad. Se levantan grandes edificios, como el recientemente descubierto
anfiteatro máximo, grandiosos templos, caso del situado en la calle
Claudio Marcelo y se adornan las calles con excelsas esculturas.
Sin embargo, en el siglo VIII, tuvo lugar un hecho que cambiará
la Historia de todo el mundo occidental y que tiene como escenario nuestra
ciudad. Un contingente de tropas árabes desembarca en las costas
mediterráneas. Fácilmente se hacen con el poder del debilitado
reino visigodo. Córdoba es tomada por Mugit, lugarteniente de Tariq,
dándose desde este momento la convivencia de los pueblos cristianos
y musulmanes. Muestra de ello es el traslado de la primitiva musalla (plataforma
para la oración extramuros de la ciudad) hasta la basílica
de San Vicente, lo que constituyó el germen de la actual Mezquita
aljama, previo pago por la compra de parte de la basílica. La llegada
del omeya Abd al-Rahman I, el Huido, el Desheredado, unió a los
bandos descontentos con la política imperante y a los seguidores
del futuro emir. En el año 756 se produce la toma de Córdoba
y la proclamación de la misma como capital del emirato independiente
de Al-Andalus. Abd al-Rahman I realizó la primera gran ampliación
de la Mezquita Aljama de Córdoba y reconstruyó las murallas
y el Alcázar.

Pero será con Abd al-Rahman III cuando Córdoba
cobre un total protagonismo. En el año 929 es proclamada capital
del califato independiente de Damasco, siendo sede religiosa, política
y administrativa de todo el reino islámico occidental. Bajo el
mandato del primer califa se levanta Medina Azahara, efímera ciudad
extramuros de la medina, fuente de inagotables leyendas debido, en parte,
a los ricos materiales empleados en su construcción.
En junio de 1236, las tropas de Fernando III el
Santo llegan a las puertas de la ciudad. La toma no lleva mucho tiempo,
produciéndose la entrada del ejército cristiano el día
29 del mismo mes. Se inicia entonces la repoblación cristiana de
Córdoba, centrándose ésta en los arrabales musulmanes,
sobre todo en la zona de la Ajerquía. Con Fernando III se proyectan
14 iglesias, siete en la medina, ahora Villa, y siete en la Ajerquía,
llamándose Iglesias Fernandinas en honor al rey.
Felipe II, a finales del siglo XVI, trata de
restablecer la importancia de esta ciudad. Manda construir las Caballerizas
Reales y en su honor se construye la Puerta del Puente. Sin embargo, esta
efímera recuperación se ve frenada por la administración
borbónica, responsable de la total decadencia que se vive, aunque
este hecho no merma las construcciones de edificios barrocos, de gran
calidad y riqueza. A principios del siglo XIX Córdoba sufre
el asedio de la ocupación francesa. Fiera fue la lucha y constante
la oposición que encontraron los ejércitos napoleónicos.
Pese a ello, la renovación urbanística que se proyecta
en estos años de gobierno francés será predominante
en el futuro. Las disputas carlistas, años más tarde,
empobrecen aún más la economía de la localidad.

Será a mediados del siglo XX cuando Córdoba
recupere parte del esplendor e importancia perdidos en el pasado.
El crecimiento de la población y la economía, así
como la creación de la Universidad, enriquecen artística
y culturalmente la ciudad. Se proyectan nuevos edificios y la Córdoba
cosmopolita se siente preparada para convivir con su patrimonio histórico,
siendo la proclamación de parte de la ciudad como Patrimonio
de la Humanidad, uno de los mayores orgullos de todos los ciudadanos,
concienciados en la conservación y difusión de nuestra
Historia.
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