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Al pie del Cerro
de la Cruz, de raíces ibéricas extiende Almedinilla
su blanco caserío arrullado por el río Caicena, que
fertiliza huertas. Baja sin prisa por calles como Río o
Calvario, abrazado por la cal que inflama el sol, mientras los riscos
de los cercanos Castillejos se asoman por encima de los tejados
como rapaces protectoras, es un placer inolvidable para los buenos
catadores de paisajes.
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